domingo, 26 de junio de 2011

CRISTINA-AMADO: Lealtad, cambio y AFJP



Por Martín Granovsky / Página 12

A menos de cinco horas del cierre de listas, Cristina Fernández dijo que el ministro de Economía será candidato porque acercó la propuesta de estatizar las AFJP en medio de la crisis del 2008, por “lealtad a la Presidenta” y por “no tenerles miedo a las corporaciones”.

“Lealtad hacia la Presidenta” es un atributo. Otro, “saber cambiar cuando el mundo cambia”. Son las razones que Cristina Fernández de Kirchner enarboló ayer a la tarde para anunciar que su candidato a la vicepresidencia será Amado Boudou, el ministro de Economía que en 2008, como ella misma lo recordó, acercó al Gobierno el impulso de estatizar las Administradoras de Fondos de Jubilación Privada.

Muy suelta, tan suelta que incluso habló de River aunque no le apasiona el fútbol y hasta se burló del boquense Julio De Vido porque en ese punto no aplaudía, la misma Presidenta dijo que el lunes último, cuando anunció que sería candidata a la reelección en las primarias del 14 de agosto y las elecciones del 23 de octubre, destacó dos medidas económicas. La primera fue la quita de la deuda, concretada durante el gobierno de Néstor Kirchner, y la segunda la estatización de los fondos privados de pensión.

El 2008

“En 2008 Boudou es el que me dijo que el mundo estaba cambiando y sugirió la estatización”, confió ayer Cristina a las 19.15 en el quincho de Olivos ante dos mil invitados que asistían, esta vez sí, para escuchar quién sería su vice. Dijo que la medida la había pensado antes el propio Néstor Kirchner pero la había descartado por un tema de oportunidad.

La discusión parlamentaria de la estatización de las AFJP coincidió con la crisis mundial, cuyo símbolo fue la caída de la banca de inversión Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008. En noviembre las cámaras de Diputados y de Senadores sancionaron el proyecto del Ejecutivo y desde el 1º de enero de 2009 la jubilación volvió al sistema de reparto, lo cual implicó una transferencia al Estado de 74 mil millones de dólares.

Hincha de Tigre en Buenos Aires y de Aldosivi en Mar del Plata, Boudou era entonces presidente de la Administración Nacional de la Seguridad Social (la poderosa Anses que hoy dirige Diego Bossio) tras el pase de Sergio Massa a la Jefatura de Gabinete en lugar de Alberto Fernández. A esa altura Boudou había cobrado vuelo propio respecto de Massa y ya tenía llegada directa tanto a Néstor como a Cristina Kirchner, aunque suele reconocer que Massa lo habilitó a formular la sugerencia. Sin la carga de la gestión, en manos de la Presidenta desde el 10 de diciembre de 2007, Kirchner hizo con Boudou lo mismo que, por ejemplo, con Juan Manuel Abal Medina, otro menor de 50 años: narrar su experiencia política, conversar, refirmar la necesidad de contar con relevos y calar las reacciones del interlocutor.

“Me dijo que nada en el mundo sería como antes”, dijo ayer la Presidenta que le dijo Boudou cuando sugirió estatizar en ese momento las AFJP, un proyecto que en ambas cámaras tuvo el acuerdo socialista y la oposición del radicalismo y la Coalición Cívica.

“Lo importante no es haber tenido la misma orientación toda la vida”, afirmó ayer la Presidenta. “Es saber cambiar cuando el mundo cambia y saber decodificar las novedades y adoptar otros paradigmas.” Las frases sonaron como un elogio y a la vez como un argumento preventivo de campaña hacia dentro y fuera del Frente para la Victoria. Boudou no oculta que fue miembro de la Unión del Centro Democrático, y que luego de recibirse de licenciado en Economía en la Universidad Nacional del Mar del Plata cursó un master en el Centro de Estudios Macroeconómicos, el CEMA, que dirigen economistas del establishment como Roque Fernández, ministro de Carlos Menem. Las pocas veces que Boudou fue consultado por su propio cambio, lo atribuyó a la observación de la realidad y a la lectura de economistas heterodoxos como Paul Krugman, que ganaría el Nobel en 2008. Desde ayer su relato es, también, el relato de una Presidenta que busca su segundo mandato con él como acompañante.

La liturgia de la lealtad

Ni las palabras Julio Cobos ni la palabra traición, y ni siquiera disidencia, fueron mencionadas ayer por Cristina. Pero el voto no positivo del vicepresidente contra la Resolución 125 el 17 de julio de 2008, luego de un empate 36 a 36 en el Senado, quedó convertido ayer, tres años después, en un juego litúrgico capaz de dar mayor fuerza a la instalación oficialista de la fórmula. Mientras decía que “la figura de un vicepresidente es importante porque lo es en el sentido institucional”, se abrió la puerta de vidrio detrás de la Presidenta. “Qué increíble, mencioné el tema del vicepresidente, se abrió la puerta y entró el viento del sur”, dijo. Y siguió: “Se ha puesto en valor la necesidad de atributos inescindibles. Uno es el de la lealtad. Pero no sin contenido, porque no somos una cofradía sino un proyecto político. La lealtad es la valentía para tomar los instrumentos para realizar este modelo con números que, en medio de un mundo que se derrumba, nos dan un 9,1 por ciento de crecimiento y un mejoramiento de los índices sociales. Además de haber tenido lealtad para con la Presidenta (no con la persona, con la Presidenta) necesito a mi lado alguien que no les tenga miedo a las corporaciones, que no les tenga miedo a los preconceptos, a las cosas establecidas”.

Más allá del juego de contraposiciones entre Cobos y Boudou, parece posible trazar este esquema real:

n Salvo un puñado de peronistas y radicales de Mendoza, que advirtieron en Cobos una equivocada designación como candidato a vicepresidente porque había abandonado al gobernador radical Roberto Iglesias luego de que éste lo ungió sucesor, el vice no fue evaluado en términos de fidelidad extrema hasta el día del voto no positivo.

n La concertación con los radicales afines al kirchnerismo siguió funcionando en Santiago del Estero y Río Negro pero perdió Mendoza y, entre otras ciudades y partidos, Junín y San Isidro.

n La ruptura fue una de las expresiones de colisión no sólo con sectores poderosos del agro, sino con la clase media de las ciudades grandes y medianas.

n Esa fisura entre el kirchnerismo y los distintos sectores medios se fue sellando luego en parte con medidas como la estatización de las AFJP y la Asignación Universal por Hijo (ayer el diputado Agustín Rossi dijo que la primera permitió la segunda), la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y, en el terreno específico, por una política agraria que abandonó el discurso confrontativo.

n Cobos ni siquiera es precandidato dentro de la Unión Cívica Radical y, a la vez, el ministro de Agricultura Julián Domínguez será primer candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires para aprovechar su buena imagen en el interior, mantener votos propios y quitarle apoyo a la alianza entre Ricardo Alfonsín y Francisco de Narváez.

n Si las elecciones fueran hoy, Cristina Fernández ganaría en primera vuelta con un mínimo de 20 de puntos de diferencia del actual segundo en intención de voto, Alfonsín. Las encuestadoras difieren en los porcentajes pero no en esa foto.

n En 2007 la Concertación aportó un piso de un millón de votos que consagraron a Cristina en la Presidencia con un 45,6 por ciento de los votos, 8.600.000 sufragios.

Estos siete datos reales permiten una pregunta que los encuestadores deberán contestar en los próximos días. Si es verdad que la Presidenta ya ganaba, y cómodamente, ¿cómo juega el factor Boudou? Si, como supone la Casa Rosada, el criterio para elegir el vice fue la lealtad y, obviamente, que no fuera piantavotos, ¿aporta electores adicionales? En caso de que la incorporación de Boudou fortaleciera electoralmente la fórmula significaría una tranquilidad más para CFK, porque faltan cuatro meses y nunca se sabe, y más que una tranquilidad si ensanchara la base electoral y arrastrase votos para las candidaturas legislativas. Más allá del imaginario construido en torno de la figura del vicepresidente a partir de la mundialmente insólita decisión de Cobos, la realidad es que la fidelidad que cuenta en el día a día no es la del presidente del Senado sino la de cada legislador. Y, en principio, para ser fieles tienen que ser electos.

Al margen de lealtades y traiciones, de coincidencias y diferencias, Víctor Martínez le aportó a Raúl Alfonsín un sector interno, la Línea Córdoba de la UCR. Eduardo Duhalde a Carlos Menem, el conurbano. Carlos Ruckauf a Menem ’95, neutralidad interna. Chacho Alvarez a Fernando de la Rúa, el Frepaso. Daniel Scioli a Néstor Kirchner, popularidad. Cobos, la encarnación de la alianza con el radicalismo K. Difícil saber qué aportará Boudou en votos. Por lo pronto, sin embargo, suena razonable pensar que la candidata a Presidenta aprovechará la capacidad de comunicar del ministro de Economía justo cuando una de las razones de la intención de voto es la percepción positiva de la población sobre la situación económica. “En economía los electores hoy son optimistas sobre su situación este año y sobre su situación para el año que viene”, sostiene Fabián Perechodnik, de Poliarquía, una encuestadora que no es contratada por el Gobierno. La Presidenta suele mencionar índices en sus discursos. Y Boudou viene entrenado de la interna que libró con Daniel Filmus y Carlos Tomada por la postulación a la jefatura del Gobierno porteño. Por un lado se acostumbró a ampliar su explicación a temas no económicos, e incluso municipales, y por otro ensayó la síntesis. “Macri es un viejo en cuerpo de joven”, dijo en febrero. Y el día de la consagración de la fórmula porteña fue el presentador. Usó sólo dos minutos. Informó el aumento del presupuesto educativo y nombró a Daniel Filmus, y después el crecimiento del empleo e introdujo a Carlos Tomada. Cada nombre, un dato.

Uno de sus desafíos en campaña será, probablemente, la inflación. Sin embargo, si las percepciones mantienen el optimismo actual podría darse la paradoja de que los precios fuesen menos problemáticos para el candidato Boudou que para Boudou el ministro de Economía que debe lidiar con el alza, la competitividad y el tipo de cambio administrable.

La cantidad de votos no es la única incógnita. La otra, inmediata, es si la designación de Boudou ayudará a lubricar tensiones con Hugo Moyano y la Confederación General del Trabajo. Son tensiones a menudo sobreinterpretadas, porque se dan dentro de una alianza política y no en medio de una ruptura, pero existen. Y Moyano había sido uno de los respaldos internos de Boudou en su precandidatura porteña. La otra incógnita, a cuatro años de plazo, es si en caso de que la foto de hoy no cambie y Boudou se convierta en vicepresidente el 11 de diciembre, construirá su futuro político con la misma velocidad con la que viene imprimiendo a su carrera. Tiene una ventaja a su favor: al revés de un jefe de Gabinete o un ministro, el vicepresidente es elegido por el pueblo, carece de funciones ejecutivas y no ejerce el papel de un fusible que debe saltar cuando hay que preservar la figura presidencial. Eso significaría, en principio, cuatro años por delante para hacer el intento de ser otro presidenciable junto al pelotón que integran hoy Jorge Capitanich, Juan Manuel Urtubey y, sobre todo, Daniel Scioli.

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